
Ámsterdam.- El museo Ermitage de Ámsterdam, la más grande dependencia externa de la pinacoteca rusa de San Petersburgo, tiene un trabajo importante que puede expresarse de distintos modos: uno, como una franquicia que presta casi de manera mecánica la colección de los zares, por otro lado, como una sala dedicada a cumplir con el gusto del público.
De cualquier modo, estas dos modelos se pierden con la muestra De Matisse a Malevich, recién inaugurada en la capital holandesa. Los 75 cuadros de pioneros del arte moderno como Picasso, Derain, Utrillo o Kandisky, son de una belleza incomparable —se apunta el diario EL PAÍS.
La visión de los millonarios Sergey Shchukin e Ivan Morozov (Francia los dos coleccionistas dueños de las obras) al encargar piezas a artistas residentes en Francia, surgió como mera intención decorativa. Sin embargo, su adquisición por mero placer estético, fue un vehículo introductorio del arte de las vanguardias en Rusia.
La muestra inicia con la colorida obra del pintor francés Henry Matisse La habitación roja (1908), y termina con el ‘sencillo’ del Cuadrado negro (1930) del ruso Kasimir Malevich, en esta suerte de connotación de los puntos de encuentro: Francia y Rusia.
“La aventura del arte moderno de la que tira Matisse era pura, armónica y capaz de actuar como un bálsamo para el espectador. Pero sin lo que calificaba de ilusionismo paisajístico de los impresionistas", afirma el historiador arte Henk van Os, creador del ensayo que acompaña el catálogo. El pintor buscaba provocar. "Era un tipo tranquilo y amante del sosiego. Pero aunque sabía que los innovadores no siempre encajan en la realidad, tampoco mantuvo una relación complicada con su entorno", declaro van Os.
Por otro lado, la simplicidad de Malevich es paradójica, pues denota una situación del artista donde sólo podría considerarse como tal al engendrar obras alejadas de la realidad más contenedoras de ella, lo cual generó esta geometría que remite al todo: vida, naturaleza, y ser humano."Malevich es el cubismo llevado al extremo", agregó Van Os, y corta la respiración lo mismo que la majestuosa cotidianidad de Matisse”.
En el camino que inicia con Matisse, Ermitage coloca cuadros de Picasso como Dryad (1908), Dryad (1908), y también obras de Kandinsky como la Composición V (1913) pieza central de su etapa anterior a la guerra mundial, o el Paisaje de invierno (1909). Del holandés Kees van Dongen, destaca el retrato la mujer fatal , Dama con sombrero negro (1908).
Shchukin fue un empresario textil. Luego de la revolución le fue expropiada la colección y a él se le obligó a vivir en la cocina de su mansión. El resto de la casa se repartió entre varias familias. Del mismo modo, las pertenencias de Morozov tuvieron el mismo destino, más en ambos casos acabarían en el Ermitage de San Petersburgo.
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http://www.elpais.com/articulo/cultura/viaje/rojo/negro/elpepucul/20100308elpepicul_1/Tes












