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Los ojos del alma, Jordi Sierra i Fabra

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A sus 17 años, la vida de Edurne cambia de manera radical: el médico le diagnostica retinosis pigmentaria, una enfermedad degenerativa que debilita la visión y puede convertirse en ceguera. No sólo se enfrenta la joven al impacto de perder parcialmente el sentido de la vista, sino que además debe renunciar a uno de sus sueños más codiciados: competir en los Juegos Olímpicos. A pesar del apoyo incondicional de su hermana y sus padres, Edurne caerá en una profunda depresión semejante a una habitación sin ventanas ni puertas. Hasta que su entrenador le haga una propuesta que al principio le sonará disparatada y después reconsiderará con calma: participar en los Juegos Paralímpicos. Para Edurne, aceptar significaría, de cierta forma, asumir de forma pública su enfermedad. ¿Tendrá el coraje de hacerlo? ¿En verdad serán los Paralímpicos un reto para ella o, en cambio, una indigna oportunidad de hacer el ridículo?

Si bien es cierto que la literatura no tiene la obligación de ser edificante, también lo es que posee el derecho de infundir valores positivos en el lector, siempre y cuando lo haga no de forma burda, sino encarnando esos valores en historias convincentes, donde los personajes hablen por sí mismos y no sean sólo marionetas de su autor. Del mismo modo que necesitamos libros que nos hablen de nuestros rincones oscuros, del agua turbia en que nos vemos reflejados, de todo aquello que seríamos incapaces de confesarnos a nosotros mismos, requerimos libros que nos inspiren y den esperanza, aun si su propósito parece sencillo o trillado.

Los ojos del alma, de Jordi Sierra i Fabra, es sin duda una novela de superación que no adolece de los defectos que suelen achacarse al género. No da recetas para ser feliz, ni dicta prohibiciones, ni censura conductas. Lo que sí hace es presentarnos a una protagonista enfrentada a duras adversidades que, si acude a toda su fortaleza y coraje, será capaz de vencer. El autor no describe este proceso como pan comido; no nos ahorra ni el dolor ni la impotencia ni la frustración de Edurne. Sin embargo, parece confiar en que los seres humanos, si nos lo proponemos, somos capaces de adaptarnos a nuevas circunstancias y de rebasar nuestras limitaciones.

El libro no apela al melodrama para conmover al lector. Con sensibilidad, pero sin sensiblería, la novela traza un mapa persuasivo de las complejas reacciones de sus personajes ante la enfermedad propia o de un ser querido. Lágrimas y abrazos se dan cita en ella, sí, pero también dudas, inquietudes y decisiones. Novela simple, tierna e intensa, Los ojos del alma no da lugar a la indiferencia.


* Los ojos del alma, Jordi Sierra i Fabra, Madrid, Pearson, 2008, 172 pp.

 

 

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